Nuestra Ascensión

Padre Gregorio Congote

Nosotros los seres humanos podemos enfrentar cualquier cosa, aguantar cualquier situación, siempre y cuando sepamos o creamos que no durará para siempre y que algo mejor va a suceder. Por ejemplo, muchas de nosotros estaríamos dispuestos a enfrentar una intervención quirúrgica complicada y larga e incluso peligrosa si creemos que nos va a caer muy bien y nos va a mejorar del todo de una dolencia. Los prisioneros están dispuestos a enfrentar una larga condena siempre y cuando ellos crean que terminará y que podrán disfrutar nuevamente de su libertad. En los países donde hay estaciones se aguanta uno los inviernos largos, fríos y tediosos porque se sabe que la primavera volverá de nuevo. Lo que hay detrás de todo esto es la importancia de tener esperanza. La esperanza es tan necesaria para el espíritu de la misma manera como el pan y el alimento es para el cuerpo. Es sorprendente lo que el espíritu humano puede aguantar, soportar y vencer siempre y cuando sea alimentado por el pan de la esperanza.
En estos días estamos celebrando una fiesta de gran esperanza, la ascensión del Señor. Estamos celebrando que Cristo es glorificado ante su Iglesia, ante los primeros y fundamentales testigos de la Iglesia que son los Apóstoles, Cristo es glorificado. Con Jesucristo vemos que nuestro destino se encuentra más allá de esta vida, por qué esperar asistir a funerales para hablar del cielo al que todos queremos ir. Somos peregrinos, no estamos en un solo lugar, sin embargo, no hemos llegado todavía al otro. Con la esperanza de la ascensión del Señor sabemos que a nosotros también nos espera el cielo pero es necesario que aceptemos los mandamientos de Dios para nuestra vida y prometamos vivir de acuerdo con el plan de Dios para cada uno de nosotros, porque todos los que estamos hoy aquí tenemos una misión muy importante en nuestras vidas. Todos queremos como Jesús irnos al cielo. Desde el día mismo de la Resurrección, Cristo está sentado a la derecha del Padre. No es que Cristo se haya quedado por aquí cuarenta días, dando vueltas. Como en algunos sectores populares, quizá campesinos, o quizá urbanos, piensan de los difuntos. Que el difunto queda por ahí, como arreglando algunas cositas, moviendo algunos papeles, jalándole las piernas algunos antipáticos parientes que haya tenido por ahí. No. Nosotros no estamos diciendo que Cristo resucitó, y quedó como en una especie de estado intermedio paseándose, y hablando con la gente. Desde el momento mismo de la Resurrección Cristo entró en la gloria del Padre. Y desde el momento mismo de la Resurrección negoció para nosotros el Espíritu Santo. “Subió a la gloria del Padre, o está en la gloria del Padre, o ascendió a la gloria de Padre”. Es la fiesta de hoy. “Envió el Espíritu Santo”, es la fiesta del próximo domingo. Preguntará alguien: “-¿El mismo día Cristo resucitó, ascendió y envió el Espíritu? Pues en cierto modo, sí, eso es lo que quiere decir. Que esos tres misterios: la Resurrección, La Ascensión, y el envío del Espíritu Santo, los tres primeros misterios Gloriosos del rosario, por cierto, son de alguna manera un mismo misterio.

Debemos sentir mucho gozo y un  profundo sentido de paz porque sabemos que la vida es más fuerte que la muerte, el amor más fuerte que nuestros temores y la esperanza más fuerte que el desespero. La fiesta de la Ascensión del Señor nos anima a realizar nuestra misión como enviados a anunciar la experiencia del resucitado en nuestras vidas, animados por la fuerza del Espíritu Santo que nos da los medios para realizarlo y nos confirma que Jesús está con nosotros en todo momento.

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