Las difíciles situaciones a las que se enfrenta un trabajador indocumentado

Por Oswell Reza

1:45 de la mañana, Ricardo Nuñez espera con ansias den las 2 a.m., para poder salir de su turno laboral que comenzó desde las 3 de la tarde del día anterior y así emprender camino hacia el que llama “hogar temporal”, cenar algo para calmar el hambre y así poder descansar lo más que se pueda para al día siguiente iniciar su nueva rutina que consiste en levantarse a la 1 de la tarde; darse un baño, comer, preparar su lonche y nuevamente emprender camino hacia esa fábrica de ensamblaje que le queda a aproximadamente 1 hora de distancia desde el lugar en donde vive. – ¡Bendito Dios! Piensa Nuñez a tan solo 5 minutos de que den las 2, pero en ese momento se aproxima el supervisor en turno y le dice que deberá quedarse hasta las 4 a.m., porque necesita que esté ahí, algo que se ha venido repitiendo constantemente durante las ultimas 5 semanas y a lo que no se puede dar el lujo de rechazar por 3 razones realmente importantes: 1 – Ricardo necesita el trabajo y mientras más horas extras haga, (a pesar del sueldo tan exageradamente bajo) mucho mejor para él. 2 – Teme a que si se niega lo puedan despedir como ha venido pasando con otros compañeros a los que de un día para otro dejo de ver, y 3 – En algunas ocasiones en las que ha puesto “pero”, el supervisor lo ha intimidado amenazándolo con que si no se queda, este podría alertar a las autoridades sobre su situación migratoria para que lo deporten… Por supuesto el joven mexicano asiente sin renegar mostrándose comprensivo, pero por dentro fastidiado, cansado, enojado, lleno de rabia e impotencia. ¡Ha sido una jornada muy pesada! Sobre todo porque sus manos le duelen, las tiene hinchadas y sus ojos comienzan a reclamarle la pesadez del sueño. No le queda de otra, debe seguir trabajando por su bien y porque es la única fuente de ingresos que por el momento tiene. Sus manos le siguen doliendo y decide ir por unos guantes que le ayudarán un poco a disimular la hinchazón y justo en un lapso de tiempo en el que nadie puede verlo, se escabulle entre algunas columnas de plástico acomodadas en el lugar, los anaqueles y cajas de cartón para tratar de tranquilizar su enojo, pero además su llanto. – ¿Cómo es posible que esté pasando por esa situación? Piensa detenidamente. – Quisiera salir corriendo de aquí, ¿pero a dónde? Resiste Ricardo, resiste. ¡Tú puedes! Y entonces seca algunas lágrimas al borde del escape de entre sus ojos y se reincorpora a sus actividades con gran pesar. Finalmente llegan las 4 de la mañana y puede salir de ese calvario al que la necesidad de una mejor vida lo ha sometido. Pasan de las 5 a.m., y luego del largo camino a casa por fin logra llegar, estaciona su automóvil; una vieja carcacha que pudo conseguir por $1600 dólares, pero que afortunadamente le ha funcionado de maravilla. Apenas puede con su alma, está cansado, triste y hambriento, pero es más el sueño que tiene que en cuanto abre la puerta del departamento en el que vive y llega a su cuarto, se tira a la cama para caer profundamente dormido… 1 p.m., la alarma suena y Nuñez brinca de un susto para apenas asimilar que es un nuevo día por la tarde y que es momento de levantarse, asimilando desde ese instante que es posible que vuelva a llegar hasta las 5 de la mañana del día siguiente. ¡Gracias a Dios, hay trabajo! Expresa alentador para iniciar con su rutina en la que aprovecha para recargarse de pensamientos positivos y así, dirigirse con la mejor actitud a ese abrumador sitio de trabajo. 2:50 p.m., Ricardo llegó 10 minutos antes y se percata de que afuera se encuentra un compañero suyo, Ramón. – ¿Qué pasó mi Ramón?, ¿apenas va saliendo o llegando? Le pregunta amigable. – Definitivamente voy saliendo mi estimado amigo, ¡oh sí! Por fin dejo esta pocilga, este miserable sitio que durante mucho tiempo me explotó y me hizo a su manera. – ¿Qué? Expresa Ricardo perplejo para continuar: – ¿Pero qué dices Ramón? – Escuchaste bien mi amigo, no vuelvo más a este lugar que por el simple hecho de no tener papeles nos ha explotado a muchos trabajadores durante tanto tiempo. ¡No señor, no más! En ese momento ambos se percatan de que el supervisor en turno que usualmente está con Ricardo, se aproxima hacia ellos. – Mi buen amigo, espero algún día podamos volver a vernos, pero si no es así nunca olvides que aunque no tengas papeles, sí tienes derechos. Toma esta tarjeta, comunícate con estas personas cuando estés harto de que te exploten y se apoderen de tu vida. Cerró Ramón para después marcharse contento, con una expresión de alivio en su rostro que iba acompañada de una inolvidable sonrisa que hasta el día de hoy, Ricardo sigue recordando… ¿Le suena familiar? Tal vez no sea el mismo rubro o área laboral, pero sí un contexto similar a los tratos, condiciones, rutinas forzadas a las que quizás se ha tenido que enfrentar en algún momento de su vida mientras laboraba o labora para alguna de estas empresas encargadas de explotar a su personal por el simple antojo de sentir que tienen el poder sobre usted por su situación legal. ¿Cree que no puede hacer nada? Por supuesto que puede hacer y mucho. Ese día Ricardo decidió actuar y seguir el consejo de Ramón, llamó al teléfono de la tarjeta que su compañero de buena fe le entregó y entonces se informó sobre sus derechos como trabajador indocumentado. ¡Todo cambió a partir de ese día! Algunos días más tarde el joven Nuñez renunció de manera eficaz y bajo la ayuda y asistencia de un abogado. Se le liquidó con una cantidad justa y de hecho con más de lo que pensaba y se marchó de ese sitio sin miedo a que usaran su información para exponerlo. Actualmente tiene un buen trabajo que le da tiempo de convivir con su ahora familia pues es padre de dos hermosas niñas y está casado con una buena mujer que le recuerda día a día que aquella mala experiencia y difícil situación, le dieron la fortaleza suficiente para estar en este momento disfrutando de ella y de lo que por mucho tiempo anhelo, la libertad de poder gestionar su tiempo y tener las riendas de su vida como cualquier otro ciudadano en este país. Así que si se identificó con esta historia del buen amigo Ricardo, no se rinda, no se conforme, no deje que otros sean dueños de su vida. ¡Usted tiene derechos y los puede ejercer! Infórmese, actualícese y nunca se deje intimidar. En internet existen muchos sitios que le pueden asesorar y uno de ellos es Legal Aid Work, pero aquí en Nebraska una gran opción es indudablemente ACLU, así que si siente que lo están explotando, discriminando o intimidando por su estatus migratorio, nunca olvide que no está solo.

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