El Buen Pastor

Padre Jairo Gregorio Congote

Tres imágenes: puerta, pastor y ovejas. Jesús es el buen pastor y es el pastor único de un solo rebaño y se caracteriza por dar libremente su vida por las ovejas. Jesús se define como el buen pastor, en exclusiva y por contraposición a todos los demás. Él es el pastor verdadero, auténtico y único, por dos razones que lo diferencian del pastor mercenario: Porque está dispuesto a dar la vida por sus ovejas en el momento del peligro, y porque conoce a sus ovejas y es conocido por ellas. El verbo “conocer” se trata de un conocimiento que crea comunión de vida, relación personal, activa, amorosa y recíproca. En el caso de Jesús con los suyos esta comunión es tan profunda que es comparada por él al mutuo conocimiento que tienen el Padre y el Hijo. Alcanzaremos la plenitud de este conocimiento cuando veamos a Dios tal cual es. Esto es la consecuencia final de nuestra condición de hijos de Dios por Cristo. Él dijo: Yo he venido para que tengan vida en abundancia. Esta promesa es ya una realidad que un día alcanzará su culminación. Pues todavía no se ha manifestado en todo su esplendor la plenitud colmada que conseguiremos el día en que seamos semejantes a Dios, cuando lo veamos cara a cara.
La comunión de vida con Cristo arranca del conocimiento del pastor, que a su vez brota del escuchar su voz y su palabra, es decir, de la fe. Según Jesús, la pertenencia a su Iglesia se funda en la escucha de su voz, en la obediencia de la fe. Cristo es pastor de todos los pueblos de la tierra. En el deseo de Cristo de pastorear un solo rebaño percibimos una invitación al encuentro y a la unión de las Iglesias cristianas, para que logremos superar el escándalo actual de mostrar la Iglesia de Cristo fraccionada en rediles estancos. La relación primordial de la figura de Jesús, el buen pastor, se refiere sobre todo a sus ovejas, es decir, los fieles. Por eso en esta época nuestras oraciones se dirigen al Dueño de la mies por las vocaciones sacerdotales y consagradas a Dios y al servicio del pueblo cristiano, cuya promoción y cultivo es tarea de toda la comunidad de la iglesia.
Las características de cualquier pastor de la comunidad cristiana, siguiendo el perfil de Jesús, el buen pastor pueden resumirse así: Al sacerdote, pastor del pueblo de Dios, se le pide ser: cristiano de fe profunda y madura, el primer seguidor del único pastor, Cristo, para poder caminar con él delante de sus ovejas, como ejemplo de virtudes evangélicas; dispensador desinteresado de los misterios de Dios en los sacramentos; sin protagonismos, sino repartiendo tareas y responsabilidades entre los miembros de la comunidad; animador de la asamblea que preside en la caridad; profeta que anuncia y denuncia; servidor de la misión que la Iglesia recibió de Cristo; signo de unidad entre los hermanos, abierto a todos, cercano al pueblo, conocedor de los suyos, solidario con los pobres y los que sufren. Y sobre todo, al pastor de la comunidad se le pide ser fiel a la misión que se le confió: “predicar el evangelio, apacentar a los fieles y celebrar el culto divino” (LG 28). Fidelidad en tres dimensiones: a Cristo pastor y sacerdote, a su mensaje de salvación y a los hombres sus hermanos. El pueblo cristiano reconoce pronto al auténtico pastor que sirve lealmente a la comunidad. No obstante, es fácil exigir a los demás, y en particular al sacerdote a quien con frecuencia se le pide demasiado y se le critica sin piedad, olvidando que todos somos limitados y con fallos humanos. Solamente con la fuerza del Espíritu de Cristo que se le confiere con la imposición de las manos por el obispo al recibir el sacramento del orden, y con la colaboración responsable de sus propios fieles, podrá el sacerdote pastor de la comunidad cumplir con su vocación y cometido eclesial. Un cristiano maduro entiende que su fe, su seguimiento de Cristo y su opción por el reino de Dios no dependen de que los sacerdotes sean mejores o peores, más o menos dotados, sino del Señor que también a él le llamó a su familia. Porque nuestro común Pastor, con mayúscula, es Jesucristo. El seguimiento de Cristo es común para todos mediante la escucha de su voz y el conocimiento de su persona, pues solo mediante este contacto personal tendremos su vida en nosotros.

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